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Relativiza el tiempo

Una estrategia muy buena para tomar decisiones en general es la regla del 10/10/10.

¿La decisión que voy a tomar que repercusión va a tener dentro de 10 min? ¿Y dentro de 10 días? ¿Y dentro de 10 semanas?

Por ejemplo:
“si me como este bollo de chocolate ahora…” ¿Cómo me va afectar en 10 min? El placer momentáneo ya se habrá pasado. ¿y dentro de 10 días? Igual me apetece comer otro bollo porque recuerdo su sabor y se ha repetido el escenario en el que lo comí por primera vez. ¿y dentro de 10 semanas? Puede que cronifique un hábito que haga que tenga un exceso de calorías y me haga engordar de forma descontrolada. 

Dependiendo de la decisión que tengamos que tomar, también se puede relativizar el tiempo en intervalos más grandes. 

Por ejemplo: “si decido estudiar este Máster, ¿qué repercusión
tendrá en 10 min? ¿y en 10 meses? ¿y en 10 años? Aquí, a los 10 min no habrá pasado nada, pero a los 10 meses o a los 10 años, serás una persona más formada y competente en tu trabajo.


Como ves, se puede aplicar para tomar cualquier decisión de tu día a día. Pero hablando de nutrición, que es el caso que nos ocupa, es una fórmula muy interesante de implantar. Sobre todo, en gente impulsiva que no sabe retrasar o posponer una recompensa inmediata por un beneficio mayor a largo plazo. Esto es un claro ejemplo de lo que pasa con la comida ultraprocesada, hiperpalatable y muy
densa calóricamente. Este tipo de comida produce una sensación de placer o recompensa muy alta en nuestro cerebro cuando la comemos. Esto nos viene de muy atrás, hablamos de herencia genética. Nuestros primitivos, no tenían la abundancia de comida que tenemos
ahora, ni tan al alcance de nuestra mano. Posiblemente pasarían algún día que otro sin comer.

Así que es muy fácil entender que nuestro cerebro premiara, de alguna manera, la acción de buscar comida (y si es alta en calorías mucho más), ya que esto significaba mayor probabilidad
de supervivencia y reproducción. Este mecanismo de supervivencia que tan buen resultado nos ha dado, (ya que estamos aquí) es completamente desadaptativo en nuestros días, donde vivimos en un ambiente obesogénico muy diferente al de nuestros antepasados más lejanos.

Por lo que, si sabemos contenernos, pararnos a pensar y relativizar el tiempo, exponiendo los beneficios a corto y largo plazo de comernos ese ultraprocesado, probablemente podamos
tener éxito y evitar la conducta. Ya que ese placer va a pasar muy rápido… y las calorías y demás ingredientes poco saludables, seguirán su camino para hacer estragos en nuestro cuerpo.

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